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miércoles, 27 de mayo de 2009

Una fiesta inolvidable


Laguna de Querococha con la cordilera blanca al fondo.


Escribir, escribir...tengo que poner en forma de letras, palabras, lo que fue mi periplo hacia el norte, desde los cielos grises costeros donde se pierden los bloques de cemento, la neblina espesa y brutal, las bocinas de los autos, la prisa, el frío, el stress de la ciudad, hasta la Cordillera de los Andes, cuyos picos tocan los cielos azules, de cuando en cuando orlados por copos de algodon: nubes- copos de blancura única y el sol radiante, feliz brillando sobre el río Santa a cuyas aguas le cantaron mis abuelos, sus padres, y los padres de sus padres ...




Y el Huascarán, el más hermoso de todos las nevados, vigilante y callado como un dios mirándonos llegar por la carretera serpiente. Terminan las 8 horas de viaje e Ysa me recibe en el terminal de buses con la calidez que solo en Huaraz podré encontrar y que ya casi había olvidado.


abajo, la barra del café Andino.

Huaraz es una algarabía, sus gentes andan de un lado para otro pero no como en la capital del Perú; sus rostros son alegres, relajados. Ríen, conversan, no tienen prisa. Y Querococha, el Callejón de Conchucos y las ruinas de Chavín, la subida por Willcahuain hasta el hermoso lodge de Wayne y Diana, el delicioso caldo de cabeza de la mañana en el mercado, la llegada a Anta, la tierra de mi adorada abuela, la cual siempre quise conocer; son solo algunos de los destinos previos al gran día, 24 de mayo, en el Café Andino, donde mi anfitriona Ysa, su cuñado Julio, A.C., Chris,
Richard Colonia en pleno
éxtasis musical


Connor, Sebastián, Dylan y el inmenso Richard Colonia... todos los demás amigos nuevos que voy conciendo de a pocos se confabulan para el gran homenaje a Bob Dylan.


Aquella noche esperada, el café luce lleno, un lleno inesperado; gentes de todas partes estan allí espectantes, "Beyond Here Lies Nothing" suena por los altoparlantes mientras los equipos arriba, en el espacio reservado para el escenario esperan los últimos afinamientos.
Pido una cerveza.
De pronto, la voz de Richard nos congrega. Se da inicio a la presentación de rigor y canta "Blowin In the Wind", hay un silencio sepulcral, todos están atentos... yo, perdida en la barra entre las gentes que la abarrotan, no soy la excepción. la voz de nuestro anfitrión toma impulso con un lirismo que me sorprende. Luego, Jake DeBerry, voluntario del cuerpo de paz, le sigue la posta, cantando una surrealista versión de Masters of War.
Connor Lamphier
Una voz suave, un rostro angelical flanqueado por rulos negros y un cuerpo esmirriado aparecen para tomar el siguiente turno: es Connor Lamphier, una cuasi encarnación de aquel tímido Robert Zimmerman que se acercaba al Greenwich Village a hacer sus pininos en los 60's. Y "The Lonesome Death of Hattie Carroll" fue lo que nos cantó en un tono suave y fervoroso.
En la siguiente sesión, un niño se acercó y tomó su violín, era Adam Christopher Benway, A.C., para los amigos, quien realizó una espectacular ejecución, flanqueado por su profesor de violín en el acompañamiento, Richard en la voz y Sebastián Olaza en la guitarra, de la intensa "One More Cup of Coffee". El público estaba extasiado de su profesionalismo y aplaudió a rabiar al final un buen rato.


A.C. Benway cantando "Knocking on Heaven's door".



Pero eso no fue todo lo que A.C. nos tenía preparado.. tomó el micro y cantó "Knockin' on Heaven's door" tan tierna y espectacularmente a la vez que se metió a todos al bolsillo. Yo no podía creerlo y el éxtasis llegó cuando nos pidió en su perfecto inglés "sing with me"...... en otro pasaje de la canción llegó el coro que fue el de esa noche... "happy birthday uncle Bob", el cual todos cantamos al unísono.

Luego vino Wayne Lamphier, del Lazy Dog Inn, quien nos brindó una muy vibrante versión de "Girl of the North County". Una delicia. Sebastián lo acompañaba con unos punteos de guitarra muy poèticos, que luego se volvieron canción cuando este último nos dedicó "Just Like a Woman" con una sorprendente calidad interpretativa. Abajo, la gente bailaba ya, era increible... la fiesta estaba en su apogeo, y entre ellos, un español se movía como una serpiente inquieta...


Abajo, la fiesta Dylan en su apogeo

"Forever Young" llegó de la mano de Richard y compañía, y de todos los que cantamos con ellos desde los bancos de la barra, los cómodos sofás junto a la chimenea ardiente, las escaleras hasta las abarrotadas barandas de fierro y las sillas y mesas de arriba que rodeaban el escenario, hacia donde todos mirabamos como presenciando una visión. Los toques de armónica del ex Turmanyé eran espectaculares y con los ojos cerrados y mucha pasión, Richard le arrancaba las mejores notas desde lo màs profundo de las entrañas. Todo un maestro.


Y a pedido del respetable, luego subió la promotora del espectáculo, la segunda mujer Dylan fan del Peru que conozco, y la mejor persona, Ysabel Meza, para tomar el micro y liderar cantando"My Back Pages"... las estrofas volaban de voz en voz ya con todos los participantes en el escenario emulando aquella magnífica versión colectiva cantada en el 30° Anniversary Concert... precioso himno de aquella noche y ahora nuestra...


Abajo la fiesta seguía, arriba, Richard nos cantaba "Like a Rolling Stone", abajo las piedras rodantes gozábamos; en algún lado del mundo, el homenajeado también cantaba...

Ysabel y Dylan Mateo.

Y luego era mi turno. Sí, estaba fuera del programa, es decir, solo estaba tras bambalinas pero de pronto ya me hallaba en escena a pedido de Richard y canté ese himno llamado "Forever Young", acompañada de todos y extasiada por el ambiente inesperado, entregado y total que en Lima quisiera vivir también; atrás quedaron los nervios, las dudas, mi pasada vida citadina de neblinas y ostracismo tras un escritorio.. la fiesta Dylan en las montañas del Peru no terminaba, apenas comenzaba, y canté con todas mis fuerzas .


El recuerdo del Dylan Bash


Jamás olvidaré aquellos cuatro días en que respiré el aire más puro, en que conocí gente maravillosa, cálida, espectacular: empezando por Ysabel, su esposo y sus bellos hijos, A.C: y Dylan Mateo, Richard Colonia, Julio Olaza y su esposa, Sebastián, Felix el montañista y su chica Jocelyn, los admirables Wayne y Diana, Connor, Sebastían, la China, la chica que nos atendió en la barra... ahora escribir, plasmar en este ecran de pìxeles ya no me es tan difícil, ahora más bien faltan palabras para continuar y desear que este cónclave Dylan en las montañas se repita una vez más...